30.5.04

Presente contínuo

"De pronto la realidad se desvanece
y la historia no es sino una idea que se desarrolla"
Jean Paul Sartre.



En su editorial de tapa del 3 de mayo de este año, el diario La Nueva Provincia (LNP) titula "Es justicia". La "justicia" hace referencia a la resolución de la Cámara Nacional de Casación Penal de imputar como delincuentes a los trabajadores ferroviarios que, a modo de protesta por revindicaciones laborales, realizaron un piquete sobre las líneas del ferrocarril Urquiza. Esta sentencia "terminante y ejemplar" es aplaudida por el diario que exhorta a la policía a intervenir "cada vez que se hace necesario despejar un camino"(1)
El mismo diario en 1998 cumplió cien años: algarabía y orgullo bahiense. Festejos y decenas de actos conmemorativos. El propio diario, editó por entonces un libraco de ocasión con más de 300 páginas. En dicha edición se reproduce una de sus primeras primeras planas. En esa portada se destaca una nota que exhortaba el "alto móvil" que estaba llevando adelante la "Liga Patriótica". Liga Patriótica que era la expresión de los jóvenes representantes de la gente decente de Buenos Aires, que se armaban demostrando su argentinidad ante un posible choque bélico con Chile, que si bien nunca ocurrió, pudo manifestar su patriotismo apuntando sus Remingtons contra los luchadores sociales (socialistas o anarquistas) y extranjeros en general (judíos en especial) en los años posteriores, y cuya máxima expresión fue la denominada Semana trágica. "Quedan, pues, nuestras columnas francas para y en servicio de la Liga patriótica", culminaba la lejana nota(2) .
Qué conexión existe entre el apoyo a la Liga Patriótica y la criminalización del reclamo social. En realidad son dos hechos que nada tienen que ver entre sí y aun más: los separan más de cien años.
O todo lo contrario.
Si la intensión aquí fuera realizar un análisis histórico de la acción ideológica de LNP sería nuestra tarea encontrar en estos hechos, en apariencia aislados, un eje articulador. Porque en definitiva, "la historia debe ser analítica, se debe utilizar para analizar y no sólo para saber lo que sucedió"(3).
Desviemos entonces nuestra atención sobre la práctica histórica y dejemos el análisis del discurso de LNP para otra oportunidad.

La historia es acción

Sartre decía que lo que definía a la historia era una "reasunción intencional del pasado por el presente"(4). Ayer y hoy no son sólo hechos objetivos (es decir, sólo conectados por el paso del tiempo) sino una construcción dinámica de la realidad. Dinámica, como operación, como ejercicio político. El abordaje histórico, en consecuencia, posibilita el hacer emerjer el eje articulador entre el pasado y presente. Es decir, la apariencia de "detalle anecdótico" de los hechos relatados por LNP, pueden ser orientados de tal sentido que su reunión en un producto analítico, brinde una síntesis que aborde lúcidamente el pasado (y su acción sobre el presente). Para el caso, y en un arrebato davidviñesco la aclaración no nos saca de la oscuridad. Puesto que tal toma de posición plantea al menos dos interrogantes: por un lado, si existen leyes que señalan el camino de esa continuidad; y por otro, cómo opera o es percibida tal continuidad en el presente.

Para la primera cuestión considero esclarecedora una cita de Hobsbawm: "la historia puede ser vista y analizada como un todo y que tiene... no quiero decir leyes, porque eso se parecería demasiado a una visón positivista al viejo estilo, pero si una estructura y una regularidad, que es el relato de la evolución de la sociedad humana en el tiempo(5) ". Para la segunda bastaría echar mano a la infinitamente referida sentencia de Marx que las clases dominantes extienden su poder económico sobre los valores políticos/ideológicos/morales de la sociedad entera, cuando no son sino los valores de una determinada clase: la burguesía.
De esta manera, mientras que el historiador puede analizar y develar las articulaciones de los hechos (incluso bajo el simplismo causas/consecuencias), éstos siguen operando de un modo particular sobre la sociedad a través de la memoria. Es decir, lo objetivo se desenvuelve y encuentra su justificación en lo subjetivo. Lo que hay que tener presente es que más allá de una memoria individual o colectiva, o mejor dicho, por debajo de ellas, existe un proceso que el historiador puede reconstruir operando al mismo tiempo en el presente y el pasado, justificando o denunciando la articulación entre memoria/hecho/análisis. Esto es así porque los "fragmentos del pasado son incorporados o silenciados, (pero) siempre reelaborados en función de factores ideológicos, generacionales, culturales o históricos"(6). Es decir, existe una lucha de repertorios culturales de las que puede surgir una memoria dominante, "como resultado exitoso de un proceso de 'producción social del pasado'"(7). Asimismo, "para que la memoria no sea un mero ejercicio neuronal, pensar la historia es establecer sus hechos, leer colectivamente sus fracturas y continuidades, sacar lecciones de las combinaciones exitosas y revisar los fundamentos ideológicos y prácticos de las derrotas"(8).
Ahora bien, si se dijo que la historia es abordable como proceso dialéctico de la relación que se establece entre pasado/presente, al mismo tiempo esa relación es abordable históricamente. O en palabras más simples, así como existe un campo particular de estudio al que se denomina historia, existe otro diferente, pero relacionado, que se lo denomina historia de la historia. Desde una reminiscencia croceana se distingue, entonces, entre historia e historiografía(9). Pero esta distinción no estaría orientada a averiguar cuál es el objeto de estudio de la historia, puesto que el problema de una "historia de la historia" se desarrolla a partir de una practica de la historia misma(10). Es decir, si la historia es una acción política (cuestión práctica), la historia de la historia podría expresarse como una acción técnica (cuestión teórica), y dada su relación dialéctica (praxis-teoria) impide separarlas. El problema de la cuestión teórica, de la cuestión historiográfica, no es el qué se estudia (ya se expresó que esto es el abordaje sintético en búsqueda de la continuidad y su acción sobre el presente) sino el cómo, es decir, a partir de qué elementos. Un respuesta, siguiendo a Cattaruzza, sería analizar la historia a partir de los "modos en que una sociedad intenta dar cuenta de su pasado, inventándolo, imaginándolo, investigándolo científicamente o aun aboliéndolo (11)".



1) Ver "Es justicia", nota editorial de La Nueva Provincia. Lunes 3 de mayo de 2004.
2) La reproducción se encuentra en "Cien años de periodismo. 1889-1998". Volumen especial editado por LNP. Bahía Blanca. 1998.
3) Hobsbawm, Eric. Entrevista sobre el siglo XXI. Crítica. 2000.
4) Sartre, J.P. Materialismo y Revolución. Editorial Deucalión. Buenos Aires. 1954.
5) Hobsbawm, Eric. Op. cit. p 18.
6) Lorenz, Federico G. "¿De quién es el 24 de marzo?". En Jelin, Elizabeth (comp.). Las conmemoraciones: las disputas en las fechas "in-felices". Siglo XXI. Buenos Aires. S/a. p 55.
7) Idem. Entrecomillados del original.
8) Talento, Miguel. "Sobre ilusiones, represión y memoria en el '73". En Testimonios. A 25 años del golpe. FUBA-Página 12. Buenos Aires. 2001. p. 90.
9) Ver Cattaruzza, Alejandro "Por una historia de la historia". En Cattaruzza, Alejandro y Alejandro Eujanian Políticas de la historia. Argentina 1869-1960. Alianza Editorial. Buenos Aires. S/a. p. 185 y siguientes.
10) Mi posición al respecto del "objeto" de estudio de la historia creo que queda esboza en los párrafos anteriores.
11) Cattaruzza, Alejandro. Op cit. p 213.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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